Una oda a los perros callejeros: la razón por la que adoptar es siempre mejor que comprar

Quiero comenzar diciendo que tengo muchos sentimientos a la hora de hablar de los perros. Soy de esas personas que si se encuentran con uno callejero en las calles se devuelve a su casa a buscar comida para darle. No puedo ver videos ni imágenes tristes de animales en general, pero en el caso de los perros es peor: sólo imaginar su sufrimiento me hace querer llorar. El tema con los canes es que son extremadamente inteligentes y, por eso mismo, es obvio que se dan cuenta cuando son abandonados, poco amados o simplemente ignorados. Prueba acariciar a uno y verás cómo la luz de sus ojos se enciende inmediatamente. Para mí, sus ojos son como los de un niño.

Lamentablemente, son muchos los países donde la tenencia responsable de mascotas y el poco control que se ejerce sobre la natalidad canina son prioridad, algo que provoca que la población de perros sea mucha y que la cantidad de personas que están dispuestas a abandonar cachorros recién nacidos o a preferir comprar uno de raza a adoptar uno que vive en la calle sea mucha.

No condeno a nadie que tenga un perro de raza, sin embargo, a menudo me cuestiono este hecho, pensándolo de la siguiente manera. Si para tener un perro de raza certificado es necesario “encargarlo” a un criadero, procurar que sus progenitores estén inscritos como puros y más encima pasar por la gestación y nacimiento sólo para tener un perro de la raza que sea… ¿No será más humano adoptar uno que ya existe, que pasa frío y hambre en las calles y que quiere un humano que lo ame incondicionalmente?

En mi vida he adoptado dos perros y ambos han sido mestizos abandonados a su suerte a los cuales he encontrado en los huesos y temblando de miedo. Con el primero tuve suerte y me gané su confianza enseguida, a la segunda le costó creer que yo no la golpearía y que mis palabras suaves eran una realidad. Desde que llegaron a mi vida me he dedicado a transmitir este mensaje que espero haga eco en otros: adoptar es el acto más grande de amor no egoísta que podemos realizar en nuestras vidas.

Los perros son de esos animales fieles que te van a amar hasta en el peor de tus días y a los que no les va a importar cómo seas ni qué digas, siempre se van a mantener fieles a tu lado. Hoy, que recuerdo con especial nostalgia el día en el que hace más de ocho años adopté a mi primer perro, y la semana en la que hace un año y medio conocí a la cachorra que también se integraría a mi familia posteriormente, quiero volver a insistir en esto: si tienes un espacio en tu hogar, si te queda un pedacito en tu corazón, si te sobra aunque sea un poquito de dinero para comprar alimento de perro… entonces adopta.

No compres, porque los animales no son objetos para ser marketeados, explotados y vendidos, incluso si a primera vista no parece que hubiese nada de malo en ello. Haz de tu vida una oda al perro quiltro, al perro callejero que te sigue feliz de la vida al recibir unas palmadas en la cabeza, al que agradece que le hayas dado de beber en verano porque no sabe cuándo volverá a tomar agua, al que te mira con ojos agradecidos cuando le permites refugiarse de la lluvia en un pedacito del exterior de tu casa porque el frío le cala hasta los huesos.

Esta es mi oda, esta es mi petición, este es mi deseo. Y si de verdad no te conmueve ninguna de estas palabras ni pensar en un animal inocente sufriendo… entonces ya no sé qué más esperar para el mundo.

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