Las 4 leyes de la espiritualidad que te llevarán a tener una vida más plena

A menudo escuchamos la palabra “espiritualidad” sin saber exactamente a qué se refiere. Son muchas las personas que lo asocian inmediatamente con una postura religiosa y si bien las religiones pueden ser espirituales, también creo que parte del concepto se refiere a ir “más allá” y mirar la vida con ojos más abiertos y menos atentos a lo material. En este sentido, el hinduismo y el budismo se relacionan de forma más directa con la espiritualidad a través de la práctica activa de la meditación que, a su vez, busca hacer que la mente logre desapegarse de lo material y lo terrenal.

Sin embargo, no es necesario que tengas un acercamiento a estas religiones para poder apreciar lo que la espiritualidad es y puede hacer por ti. De hecho, todos podemos poner en práctica las leyes de la espiritualidad independiente de nuestras creencias o intereses.

Ley número uno: “la persona que llega es la persona correcta”.

Esto quiere decir que toda persona que llega a tu vida tiene un propósito. Toda persona, por buena o mala que sea, viene a enseñarte algo. Esto se relaciona directamente con la capacidad de desapego, porque una vez que te haya enseñado la lección necesaria es posible que él o ella siga su camino. Es la ley de la vida. Deja de lamentarte amistades o relaciones fallidas: esas personas te enseñaron lecciones que, aunque duras, son tremendamente valiosas.


Ley número dos: “lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.

Y no hay más. Dile adiós a pasarte las horas pensando en qué hubiese pasado o qué hubieses hecho de forma diferente. Ya no lo hiciste y no puedes volver el tiempo atrás. Lo que es es lo que es y debes aceptarlo como tal para no sufrir en demasía.


Ley número tres: “en cualquier momento que comience es el momento indicado”.

Tal como las personas llegan sin que podamos escogerlas, tampoco podemos manipular los inicios de las nuevas etapas que vamos viviendo en la vida. Las cosas funcionan cuando es el momento correcto y nunca antes y aunque puede ser molesto, ayuda a formar la paciencia.


Ley número cuatro: “cuando algo termina, termina”.

De la misma forma, los finales tampoco pueden ser escogidos ni manipulados. Si tu etapa con cierta persona o en cierto lugar terminó, entonces hay que seguir caminando. De nada sirve quedarse viviendo en el pasado porque las cosas no vuelven y, por mientras, la vida se te va de entre las manos

¿Conocías estas leyes? De seguro te ayudarán a vivir con más empatía y viendo la vida de forma más positiva.

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