Esta hermosa metáfora te explicará porqué, para vivir la vida, hay que ser como el bambú

El bambú es un árbol que crece extremadamente rápido y que proviene del lejano Oriente. Crece tan rápido que dicen que si te quedas mirándolo fijamente durante algún tiempo, podrás verlo crecer ante tus propios ojos pues crece cinco centímetros cada hora, un metro cada día y 32 metros al mes. Es una locura. Es el árbol con mayor tasa de crecimiento en el planeta y es por eso que se usa como materia prima en el país.

Si quisieras tener un bambú en casa, sólo tendrías que tomar una semilla, plantarla y cuidarla de forma religiosa. Sin embargo, te puedo asegurar que pasarán los años y no lo verás crecer ni a un cuarto de la velocidad de lo que crece en China o Japón.

¿Será que el suelo es diferente? ¿Tendrá algo que ver con el agua?

Al principio querrás culpar al aire, el agua, la tierra, tu ubicación geográfica o tu inhabilidad para cuidar de las plantas pero la verdad es que no es nada de eso. De hecho, el bambú puede aguantar los inviernos más fríos y los veranos más calurosos sin problemas. La respuesta es otra y tiene que ver con la paciencia: el bambú es tan sabio que durante los siete primeros años (sí, siete años enteros) crece hacia abajo. Sus raíces se extienden hacia lo profundo, preparándose para luego crecer de forma apresurada hacia el cielo. Es esta característica, sus profundas raíces, y no otra, lo que le permite ser la planta que más rápido crece en el mundo.

Como el bambú sabe que no es sencillo ser fuerte e inquebrantable ante el mundo, se prepara por estos largos años para tener todo lo que sea necesario. Se prepara no sólo para triunfar, sino que también para renacer de sus cenizas en caso de que las cosas no salgan bien.

Los siete años de raíz le dan esta posibilidad y así, aunque cortes su tallo, el bambú seguirá creciendo con fuerza porque su vitalidad y energía se encuentran en su interior, en su raíz y en su centro.

Por lo demás, el bambú se mantiene flexible ante el cambio sabe adecuarse ante su contexto y los vientos, por fuerte que sean, nunca lograrán destrozarlo. Él simplemente se moverá con la corriente y después volverá a su lugar de siempre.

En el fondo, la vida y crecimiento del bambú es una metáfora que nos muestra cómo deberíamos vivir nuestra vida: con paciencia en el comienzo, construyendo con cuidado nuestros cimientos, echando raíces fuertes y teniendo valores e ideales pero siempre dejando que la flexibilidad nos guíe y nos permita vivir sin mayores sufrimientos. Sólo así podremos crecer, enfrentar la vida son sabiduría y ser realmente exitosos como personas.

Esta es una versión adaptada del artículo que leí en El Vaso Medio Lleno.

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