Las personas más fuertes son aquellas que viven con depresión o ansiedad

Tener depresión no es fácil: es mucho más que estar triste y no se arregla si la gente te dice que “te animes un poco”. Tener ansiedad no es sencillo: es mucho más que estar nervioso y no se arregla con que la gente te diga “cálmate un poco, respira profundo, lee esta frase positiva”. Ambas enfermedades se asemejan mucho en ese sentido porque la gente asume que simplemente son emociones que sientes, emociones que van y vienen y que, como las olas del mar, pronto dejarán de afectarte.

Pero no: vivir con ansiedad o depresión es un trabajo a tiempo completo, donde nunca eres libre, ni siquiera el fin de semana cuando sales con tus amigos y te ríes de buena gana. Incluso allí, entre esa felicidad que te fuerzas a sentir aparecen las dudas, el vacío, la falta de energía y el miedo a que nada funcione.

Hay días más difíciles que otros, días en los que le crees a la voz que habla en tu interior y que escoges aceptar todo lo que te dice y asentir con la cabeza cuando murmura que no vales la pena, que nada funcionará, que mejor nunca más salir de la cama, que realmente ni siquiera sabes para qué estas en el mundo. Esos días son los peores, porque nunca te quedas en casa en tu cama. Te levantas igual y funcionas de forma automática: te conviertes en el robot perfecto y hasta te duchas y cambias de ropa. Nadie, ni siquiera tus compañeros de trabajo notan nada. Y no es que no te pase nada, es que prefieres que sea así porque no podrás soportarlo si te dicen que una clase de yoga curará todos tus males.

Porque sí, meditar hace bien, pero meditar por sí sólo no te va a curar de la enfermedad psicológica que llevas contigo tal como una gripe que se niega a abandonar tu cuerpo maltrecho.

Eres fuerte porque podrías cancelar todos tus planes (y porque de vez en cuando sucumbes y no sales de tu cama en días) pero no lo haces. Eres fuerte porque hablas cuando debes hablar, incluso si tu voz tiembla. Eres fuerte porque haces lo que tienes que hacer, incluso si en el fondo ni tú mismo creíste que sería posible. Eres fuerte porque cuando sientes que la depresión se hace más onda y la ansiedad se hace más aguda buscas ayuda, intentas escribir la frase “valgo la pena” mil veces hasta convencerte y, por sobre todo, sigues caminando.

Te niegas a que esto controle tu vida. Te niegas a que este sea el fin, porque tú tenías y tienes planes mucho más grandes y hermosos y no vas a dejar que una enfermedad, una sola enfermedad, defina tu destino completo.

Quizás ni siquiera te habías dado cuenta de todo esto, pero sí, eres fuerte, eres la persona más fuerte del universo porque has decidido seguir adelante, y aunque la enfermedad muchas veces no da tregua, tu has decidido probarte que eres un ganador, una luchadora: ni la ansiedad ni la depresión te la van a ganar.

No hoy, no mañana y, por sobre todo, no en esta vida.

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