Ellas se atrevieron a mostrar sus cicatrices de cirugías plásticas que salieron mal. Su valentía es gigante

Muchos doctores en Colombia han tomado por norma especializarse en el extranjero en el área de la cirugía plástica. Muchos se van a hacer cursos intensivos a Brasil, Perú y Argentina y vuelven después de 6 meses o 2 años con el título en la mano. Según lo que indica el medio El Espectador, esto es por sí problemático pues en general una especialización en esta área dura entre 4 a 5 años y nunca menos. El resultado son doctores con pocos conocimientos que terminan plasmando su ignorancia en el cuerpo de diferentes mujeres.

Las siguientes fotografías pertenecen a un reportaje gráfico realizado por María Paulina Baena Jaramillo, quien junto al fotógrafo Cristián Garavito siguió la historia de estas nueve víctimas quienes bajo la premisa de conseguir retocar lugares de su cuerpo con los que no se sentían muy felices terminaron, en algunos casos, completamente desfiguradas.

1. Cristina Trejos

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Cristian Garavito

DOCTOR: Carlos Ramos Corena.

Tiene 44 años, decidió hacerse una liposucción y un retoque del labio izquierdo vaginal (ella se había cambiado de sexo hacia 20 años). Acordaron en realizar una “depilación con láser en la barbilla, rinoplastia, mentón postizo, senos de 550 gramos, liposucción, hilos en la cadera, hilos de levantamiento de cejas, reparación de la vagina en labio izquierdo y diseño de sonrisa”.

Las cosas no salieron como ella esperaba:

“El 17 de diciembre de 2009 empezó la primera cirugía en la clínica Aguacatal, que cuando la denuncié cambiaron de razón social a Arte y Cuerpo. Me pusieron anestesia pero estaba consciente y empecé a escuchar mucho vallenato en el quirófano, risas, burlas y sentí que me metieron algo por la vagina, que me lastimó. Ya no volví a acordarme de más. Al otro día sentía mucho dolor y al quitarme la faja me vi una chamba de izquierda a derecha horrible de una abdominosplastia que realizaron sin mi consentimiento. Siguió la otra cirugía el 23 de diciembre de 2009 del retoque vaginal y de la nariz. Justamente a mi hermana le hicieron rinoplastia ese día y el pedacito de hueso que le quitaron me lo metieron a mi, pero la nariz quedó torcida y me salen hongos en esa área. Cuando me miré la vagina, me la había mutilado toda, no me dejó labios inferiores ni exteriores y con esto vivo hace 7 años. La cavidad vaginal se cerró, la uretra me la movió y me la puso contra la pierna izquierda, para orinar tenía que manipularme los labios todos los días porque el hueco estaba aprisionado. La tercera cirugía fue el 19 de enero de 2010, para tratar de organizar todos los daños que hicieron, pero no pasó nada. La semana pasada un grupo de médicos me arregló la vía urinaria y voy mejor. Pero este señor me destruyó física, moral y económicamente”.


2. Liliana Fragoso

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Cristian Garavito

DOCTOR: Francisco Sales Puccini

Tiene 38 años, sólo quería arreglarse el abdomen pero la terminaron convenciendo de aumentarse los senos.

“El doctor me citó a las 7 a.m. y llegó a las 11 a.m., muy afanado porque venía de Villavicencio, de otra operación. Abrió una maleta que traía con todos los instrumentos quirúrgicos envueltos en esparadrapo y eso fue raro, poco profesional. Después de la cirugía me desperté y tenía los senos gigantes, el pezón estaba arrugado, como una tela que se encoge, y sus contornos irregulares y alargados, tenía un seno más grande que el otro, y me sentía los bordes de la prótesis izquierda. Pasaron cinco meses y yo seguía deforme y con mucho dolor en un seno. Con mi esposo decidimos consultar a un cirujano reconstructivo. Cuando él me vio dijo que no había ninguna prótesis de por vida y que las mejores duran máximo 10 años. Le mostré el certificado de las mías y me dijo que no las conocía, que eran chinas, que aguantaban apenas tres años y eran las más baratas del mercado: cada una valía 250.000 pesos”.


3. Diana Paola Cordero

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Cristian Garavito

DOCTOR: Ramiro Alberto Pestana

Tiene 35 años, le ofrecieron una liposucción e inyectarle la grasa restante en las nalgas.

“El 9 de diciembre de 2011 me citaron a las 10 a.m., pero me llamaron para decirme que llegara a las 2 p.m. a la clínica. Al otro día una parte del ombligo estaba roja y luego se empezó a inflamar. Al tercer día me hinché tanto que no se me veían los ojos. Me desmayé, tuvieron que llevarme por urgencias al hospital de Montería, donde me hicieron tres transfusiones de sangre y tenía un edema. Parecía una persona ahogada de lo hinchada que estaba. Yo era alérgica a la penicilina y él sabía, pero en urgencias descubrieron que me había dado un medicamento con ese componente. Empezaron a hacerme curaciones y drenajes, porque me salían bombas de agua por el cuerpo. Al día 18 ya estaba llena de líquido. Salía un olor fétido y sentía que me estaba pudriendo por dentro… Tengo un hueco en la barriga, en la parte de arriba no siento nada y a veces me meto puyitas para ver si despierta. Sacando cuentas, mi hermana se gastó como $80 millones. Me paran en la calle y me dicen: ‘Tú eres la muchacha del hueco’. Y como tengo huecos en todas partes, en la boca y en la barriga, ya le saco el chiste porque hemos llorado mucho”.


4. Adriana Guerrero

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Cristian Garavito

DOCTOR: Fabián Enrique Blanchar

Tiene 54 años, se sometió a una lipoescultura.

“El día de la operación llegó borracho, con un tufo horrible, pero yo no me alarmé porque había tomado varios calmantes. Me había citado a las 9 a.m. y llegó a las 11 a.m., y cuando terminó la cirugía me dijo que me había quitado 12 kilos de grasa y tejidos. A partir del noveno día duré cinco días llena de líquido. Los dolores en el abdomen empeoraban con los días y la grasa no salía. Lo llamé varias veces y no apareció. Después, volvió a llegar borracho a la segunda consulta. Me hizo acostarme en una sala de pequeños procedimientos para hacerme una punción que sacara el líquido retenido. Me miré un día al espejo y mi ombligo se había desaparecido y en la misma sala de procedimientos buscó el ombligo y lo cosió: sin anestesia, sin tapabocas, sin ropa de aislamiento. Cuando ya tenía una infección en el estómago y se veía un hueco en el ombligo, decidí ir a la clínica Palermo, porque me habían recomendado a un buen infectólogo. En las pruebas que me hicieron salió que tenía dos bacterias intrahospitalarias, es decir, que son adquiridas en salas de cirugía. Llegué a la Clínica Marly y allá me dijeron que no sabían si me podían salvar porque las bacterias ya me estaban consumiendo la barriga y podían llegar a los órganos vitales”.


5. Lorena Beltrán

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Cristian Garavito

DOCTOR: Francisco Sales Puccini

Tiene 21 años, quiso aumentarse los senos

“La cirugía de reducción de senos fue en junio de 2014. Se me abrió una herida que no cerró bien en la parte inferior, incluso me cabía una falange del dedo, por donde me salía líquido. Tuve que ponerme por mucho tiempo toallas higiénicas en los brasieres, para no manchar la ropa. Me decía que me aplicara gelatina sin sabor en la herida, que así mejoraría. De repente mi piel se empezó a poner grasosa y me recetó Isotritoneina, un medicamento dermatológico que, como efecto adverso, empeoró la cicatrización y me provocó además alteraciones emocionales. Me deprimía mucho. Eso nunca me lo advirtió. Ahora tengo una cicatriz atroz, es traumático tener que maquillarme primero los senos que la cara. En julio de 2015 él me hizo una corrección de la cicatriz y el remedio fue peor que la enfermedad. Me tatué “Still I rise” (“Todavía me levanto”) para verme en el espejo eso, antes que mis tetas, pero esas marcas emocionales, las que no se ven, son las que más pesan”.


6. Ana Margarita Giraldo

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Cristian Garavito

DOCTOR: Rodolfo Chaparro y Juan Camilo Arango.

Tiene 32 años quiso hacerse una cirugía para arreglar sus senos y también una lipoescultura.

“Programamos la cirugía para el 18 de abril de 2011. Ese día me recibió Chaparro, pero salí de la cirugía sin conocer a Arango. Ya en mi casa una masajista notó una inflamación roja a los costados del abdomen. Arango respondió que era una reacción alérgica a la faja o una quemadura. Seis días después de la cirugía me salieron unas bombas de agua en los flancos del cuerpo, justo donde estaba colorado. Me explotaron las bombas, pero yo me sentía mal: mareada y con dolor de cabeza. La semana siguiente me llevaron a urgencias, me tomaron muestras y se dieron cuenta de que tenía una infección muy delicada y estaba anémica, entonces me hospitalizaron. Me puse peor y me llevaron a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), donde me hicieron transfusiones de sangre. En ese momento me estaba yendo, me estaba muriendo, me caí y quedé inconsciente. En algún momento me desperté, pero no podía hablar porque estaba intubada. Y luego, me dio una falla orgánica múltiple con fallas de corazón, hepática, renal y respiratoria. Estuve alrededor de un mes en la clínica, otros 15 días de hospitalización domiciliaria y arrancó un proceso de curación de heridas en el que tenía que ir dos veces por semana durante casi un año”.

Aterrador. Realmente es algo como para quedar sin palabras.

Lo leí en El Espectador.

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